Los recientes informes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) muestran que uno de los primeros sectores en volver a terreno positivo después de las fuertes medidas de confinamiento, es el comercio minorista, cuyas ventas crecieron 3 % en octubre, en comparación con el mismo mes del 2019.

Lo que explicó el director de la entidad, Juan Daniel Oviedo, es que las menores restricciones a la movilidad propiciaron ese comportamiento, que tuvo como puntos fuertes la demanda de alimentos que creció 5,2 % y pesó 1 punto porcentual (pp) en la variación total, así como equipos de uso personal y telecomunicaciones con una expansión de 30,9 % y un peso de 0,9 pps y electrodomésticos para el hogar con 28,3 % y 0,9 pps, respectivamente.

Pero, ¿cómo están comprando los colombianos? La consultora Raddar, presidida por Camilo Herrera, explica en su informe sobre el gasto de los hogares de noviembre –que creció 4,71% frente a igual período de 2019– que si se analiza la forma en que un habitante del territorio nacional invierte 100 pesos, se detalla que la mayor parte, el 32,8%, va para alimentos.

En tanto, 23,8% se usa para necesidades del hogar como servicios o arriendo, y 16,4 % en transporte y comunicaciones. El resto de esos 100 pesos se destina a educación (5,5 %), salud (4,9 %), entretenimiento (2,6%), moda (2,4%) y gastos varios (11,5 %).

¿Y cómo sería en la ciudad? Replicando ese ejercicio la firma halló una tendencia similar en la medida que se destinan 34,5% para alimentos; un 21,9% para atender obligaciones del hogar; 17,2 % para transporte y comunicaciones; 4,9% para salud; 3,9% a educación; 3,9% también para entretenimiento; 2,3% para moda y el restante 11,4 % para otros frentes.

Desde la perspectiva de Alejandro Torres, profesor del Departamento de Economía de la Escuela de Economía y Finanzas de la Universidad Eafit, pese a estas cifras, los hogares aún no están demandando a niveles importantes y prevalece la intención de ahorro.

“Hay una reactivación suave, y el reto para el 2021 es mirar cómo los programas de recuperación económica afectan, no solamente la capacidad de que las empresas puedan operar, sino que también se genere un ambiente de optimismo que permita estimular la demanda”, anota Torres.

Reactivación moderada

El mencionado balance de Raddar también destaca que “la dinámica del gasto de los hogares en la fase de aislamiento fuerte, mostró un freno en casi todos los grupos de consumo, menos los no durables”, mientras que en el período de aislamiento inteligente esas reducciones se moderaron, al igual que la compra de alimentos, que perdió velocidad.

Para ejemplificarlo, se observa que mientras la inversión en entretenimiento de los connacionales crecía al 7% en los primeros dos meses de 2020 versus el mismo lapso de 2019, para marzo y abril tuvo unas sustanciales caídas de 59,5% y 62,1%, respectivamente, que ganaron terreno gradualmente hasta alcanzar un -15,7 % en el décimo primer mes, que si bien fue negativo, muestra cierta reactivación.

Entre tanto, la categoría alimentos arrancó expandiéndose en enero de 2020 al 6,6%, y para marzo, cuando se anunciaron las primeras medidas de confinamiento, creció 17,7%. En septiembre, una vez se informó sobre la reapertura del grueso de actividades productivas la variación de esa categoría fue de apenas 0,9% y para noviembre ya se ubicaba en 1,6%.

En todo esto han tenido un rol importante las tiendas de barrio, que reflejan las tendencias en la demanda de los ciudadanos de a pie. ¿Cuánto se gastan allí? De acuerdo con un análisis de Servinformación y Puntored, entre octubre y noviembre pasados el ticket promedio nacional, es decir el dinero que usualmente utiliza una persona en una ida a la tienda, fue de 6.825 pesos.

Este valor está entre los más bajos registrados el año pasado, si se tiene en cuenta que para la última semana de agosto, antes de entrar en un período de menores restricciones a la movilidad, ascendía a 7.439 pesos, mientras que para mediados de marzo llegó a alcanzar los 9.786 pesos.

Más allá de esas cifras, para el país, al comparar la demanda de productos en las tiendas de barrio entre febrero y noviembre, se detalla una caída de casi todos los segmentos.

Los productos de panadería, por ejemplo, registraron una baja de 8 % en la venta promedio; los cereales, granos y legumbres, de 19 %; y a los preparados y conservados les sucedió lo mismo con un 12 % menos. En tanto, lentejas (1 %) y panela (39 %), mostraron dinámicas positivas.

En perspectiva de Claudio Corradini, líder de Estrategia y Consultoría de Accenture Colombia, en caso de que se diera una reducción en el gasto, habría “una onda expansiva” hacia áreas como comercio mayorista y almacenamiento, por ejemplo.

Tendencia al cambio

Lo que explica Javier Ubaque, gerente de gestión de categorías de Makro Colombia, es que las cifras sobre el consumo en el país dejan ver que las personas no están comprando lo mismo y están gastando en sitios diferentes a los canales tradicionales, migrando hacia los llamados discounters.

En tanto, Jose Luis Salas, experto de Makro, quien al igual que Ubaque se expresó en el evento ‘Estrategia de ventas para su negocio’, organizado por esa firma en alianza con Fenalco, Fenaltiendas y Emprendedores Bavaria, expresó que con la pandemia se aceleraron cambios en el consumidor como el hecho de ir más allá del precio de un producto para tomar la decisión de adquirirlo o no.

“Las personas no quieren salir, por salud deben quedarse en casa”, acotó Salas, quien agregó que cada vez cobran más relevancia las redes sociales, los domicilios y los teléfonos inteligentes como mecanismos para conectar la demanda y la oferta.

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